De Vuelta al Surco: Mi Aventura con el Motocultor 

Mi viejo motocultor, fiel compañero de faenas en la huerta, decidió darse un respiro justo cuando más lo necesitaba. Una avería misteriosa lo dejó varado, y yo, con la tierra lista para sembrar, me vi en la tesitura de tener que arreglarlo por mi cuenta. Vivo en Padrón, una tierra donde la tradición agrícola aún late con fuerza, y aquí, un motocultor es casi un miembro más de la familia.

Lo primero fue identificar el problema. Con paciencia, y la ayuda de un par de vídeos de YouTube, me di cuenta de que el carburador estaba obstruido. Nada grave, pensé, pero suficiente para dejar al motor sin vida. Me armé de valor y me dispuse a desmontarlo. La verdad es que nunca me he considerado un manitas, pero la necesidad agudiza el ingenio.

Con el carburador en la mano, me fui a la ferretería del pueblo. Don Manuel, el dueño, es un pozo de sabiduría en lo que a herramientas y maquinaria agrícola se refiere. Le expliqué el problema y, con una sonrisa, me dio un kit de limpieza y un par de consejos. «Estos motocultores son duros como robles», me dijo, «pero necesitan cariño».

De vuelta en casa, me puse manos a la obra. Limpié cada pieza del carburador con esmero, siguiendo las instrucciones de Don Manuel. Monté todo de nuevo, crucé los dedos y tiré del arrancador. El motor tosió un par de veces y, finalmente, rugió con fuerza. ¡Aleluya!

La alegría me duró poco. Al probar el motocultor en la huerta, noté que las cuchillas no giraban con la misma fuerza de antes. Sospeché de la transmisión. Otra vez a empezar.

Esta vez, la ayuda vino de mi vecino, Xosé. Él sí que es un experto en estas lides. Con su experiencia y mis herramientas, desmontamos la transmisión y encontramos un piñón desgastado. «Esto es fácil de arreglar», me dijo Xosé, y me acompañó a un taller de maquinaria agrícola en las afueras de Padrón.

Allí, encontramos la pieza de repuesto y, en un santiamén, Xosé la montó. De vuelta en la huerta, el motocultor funcionaba como nuevo. ¡Qué alivio!

Arreglar mi motocultor Padrón ha sido una aventura llena de aprendizaje y satisfacción. He descubierto que, con paciencia y la ayuda de los vecinos, puedo superar cualquier obstáculo. Y lo más importante, he aprendido a valorar aún más el trabajo de la tierra y la importancia de mantener vivas nuestras tradiciones agrícolas.